Los miro.
Son caminantes, son fuerza que impulsa. Cada día. Ahí abajo crece el destino. Ellos son tu libertad. Caminan los caminantes finitos. Impulsados por el cuerpo, la mente y el alma. Este conjunto es nuestra realidad. Su conexión; es la vida.
Dan sus pasos por el angosto camino, avanzan y parecen quietos. Tan libres, tan descalzos. Abajo el rió es testigo. El aire es parte. La montaña envidia nuestro caminar, envidia el movimiento. A un paso esta la llegada. El fin de su juego. Ahí quietos permanecieron.
Los caminantes descansan
El rió espera el contacto
Los segundos están durando mas tiempo que lo que el señor tiempo les ordeno que durasen. Rebelde los segundos. Derrocado el tiempo.
La mente empieza a jugar
La razón, feliz de estar ahí, de ser parte, se puso firme y tomo una desicion; la correcta según su inteligencia y su experiencia y sabiduría y conocimiento, su desicion: Dejar de decidir.
Lo único que recuerdo antes del salto fue una larga y profunda respiración con ojos tan cerrados y tan abiertos, unos brazos que definitivamente se abrieron abrazando a la montaña y al viento, entrelazándose así con la naturaleza, formando uno.
Si, creo que si. Fueron los caminantes, cansados de descansar, que tomaron la iniciativa siguiendo el flujo de la naturaleza misma en la que ya nos habíamos convertido. Los caminantes se impulsaron y el cuerpo erguido no tuvo mas que acompañar el movimiento y empezó a caer.
Caminantes descansan
Ansioso vibra el rio
Pasamos de estar vertical, a horizontal y de horizontal a vertical de nuevo pero boca abajo y caminantes al cielo.
Caí, caímos.
Fuimos aire y montaña.
Fuimos sol y agua
Fuimos el pájaro que siempre quisimos ser.
Volé.
No hay comentarios:
Publicar un comentario