sábado, 7 de mayo de 2011
La dicotomia del frio
Son las tres de la mañana, silencio que molesta, las cosas pierden sus colores, todo se apaga menos el reflector blanco que entra por la ventana, desde arriba. La ventana quedo abierta y solo entra el olor del frío que tanto me gusta. Intento contemplar la inmensidad del universo, la fuerza del viento que entra y eleva las cortinas para que bailen con el frío por la casa, pero nada de eso pasa, mi garganta todo lo opaca. Solo pienso en el dolor que me produce respirar. Todo el placer del olor a frío se transforma en odio cuando llega a la garganta y raspa como si entrara un serrucho de hielo a la faringe. No es momentáneo el dolor o si, entre respiración y respiración el dolor desaparece y por esos efímeros instantes veo las cortinas que amagan con volar y bailar con el frío, el frío que entra interrumpiendo el pensamiento, entra por la garganta serruchando la faringe. No me puedo dormir. Solo pienso en la conversación con el medico, intentando explicar con palabras normales este sentimiento de angustia constante. Mientras imagino la conversación sube la bronca y se transforma en calor para el cuerpo, siento calor, transpiro y el aire sigue entrando frío, congelado, serruchando. Siento el cansancio fuerte, mis ojos se cierran y mi cabeza transforma el dolor del frío en la garganta en alguna molestia en el habla, no puedo hablar, la voz no sale y se abren los ojos. El dolor vuelve a la faringe por cada cinco, a veces diez segundos, depende cuanto tiempo aguanto sin respirar y sin llegar al malestar de la falta de aire. Salgo de la cama, camino por la casa, las medias me hacen invisible, imperceptible. Busco mis zapatillas en la entrada y ya afuera forman parte de mi, la remera flota por el cuerpo, el viento le da vida a la piel que siente ese frío húmedo. Llego a la calle, la tierra se levanta ante mis pasos acelerados. pasan las cuadras, todas solitarias, sin almas, sigo siendo invisible, si nadie puede verme y nadie puede escucharme no existo. Pero ella necesitaba que alguien la escuche, necesita que alguien la arregle como se arregla a un juguete, que alguien la cure como se cura a un enfermo. En medio de una respiración la voz salió sin pudor, una voz congelada, un grito desconsolado, mostrando la ira de la peor manera, un grito de vocales encontradas, un grito largo y tendido, tan tendido que a mitad de camino se callo, se corto. Una respiración entro. Las cuerdas vocales llegando a lo mas alto de la nota dolían cada segundo mas y el aire frío llego serruchando la garganta. Llego para cortar y aliviar el dolor.
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No se cuanta razon tendre, pero a mi tambien me resulta imposible no utilizar a ella.
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