Se desperto vacío, por primera vez en años abrió lo ojos sin recordar ninguna historia. No era una buena manera de empezar el día, tampoco había que alarmarse, sabia que algún día tenia que pasarle. Fue una mañana de extraño reconocimiento con su cuerpo, tomo su desayuno sin tener esa mirada perdida de todos los días, por que no había hechos que armar ni reconstruir, no había que hacer ningún esfuerzo por recordar los lugares ni las personas, ya que esas horas de descanso (de real descanso) después de tanto tiempo, fueron sin verse con Maria.
Ya estaba de nuevo arriba de su rutina, la bicicleta. Corrían los años 90, las calles seguían con su trafico incontrolable y su trabajo se hacia cada vez mas difícil sin un motor. Desde las siete de la mañana que repartía el correo por todo el centro de la ciudad, yendo todos los días por diferentes calles, calles que parecían multiplicarse por hora. El crecimiento de la ciudad en los últimos años, tanto en habitantes como en edificaciones, había sido gigantesco.
Ya habian pasado varios años de su comienzo en este nuevo rubro, con el que contaba para sobrevivir en un lugar tan lejos de su ciudad natal. Todavía seguía encontrando lugares nuevos, calles que estaban tan cerca del amontonamiento de gente constante, pero que parecían nunca antes descubiertas, tantas personas en una misma calle y ni una en otra a docientos metros de diferencia.
Era increíble todas esas personas que caminaban por esas veredas, era como si alguien les hubiese pagado para estar ahí todos los días, creando todo ese trafico de caras que iban cambiando todos los días, siempre eran diferentes pero nunca se modificaba la expresión, esa expresión de mal humor y/o seriedad.
Estuvo pedaleando por horas, a veces paseando y otras sintiendo un poco la adrenalina de pasar por calles angostas, casi siendo aplastado por los colectivos y la gente que espera los mismos, subiendo a las veredas esquivando esa gente de mala vida que solo necesita una excusa para largar su ira por esa garganta reprimida de tanto dolor acumulado. Pero el seguía feliz haciendo oídos sordos a los insultos, disfrutando del riesgo que podía generar siendo un poco menos tradicional.
Ya estaba de vuelta en casa, donde por fin el silencio lo esperaba para hacerse presente por unos minutos mientras comia algo, ya que después volvía a la acción con un libro de los relatos de las batallas de su ancestral vecino, Pedro de Valdivia. Acostado en la cama leía las historias de amor entre Pedro e Inés Suarez mientras sus piernas seguían latiendo y sus ojos empezaban a cerrarse. Dejo el libro a un costado y se acomodo en su transportador hacia idealizaciones de momentos, su transportador es su almohada, claro. Pasaron los segundos y todo se volvió negro, el negro duro por horas, esas horas parecieron décadas, su transportador empezaba a tener unas fallas y por segunda noche consecutiva, murió.
El despertador sonó, abrió los ojos y volvió el no-recuerdo, sentimiento extraño en su cuerpo, sin mirada perdida durante el desayuno y salió para el trabajo sin ver a Maria en toda la noche.
Camino hasta el trabajo y antes de agarrar la bicicleta entro a su pequeña oficina, si así se la puede llamar y puso en orden el correo segun la comodidad para su viaje. Hace bastante que empezó a notar cada vez con mas frecuencia algo que ya era común en este nuevo mundo tecnológico. Ya casi no quedaban cartas de amor, cartas de reconciliación, de perdón, de despedida, cartas contando un viaje, una nueva vida, anunciando una llegada o una repentina huida, cartas escritas a mano, que hablan de la vida o de la muerte.
Solo quedan correos que son de una empresa hacia otra, de cuentas a pagar, de anuncios, de publicidades. Era mas placentero llegar a la casa y ver una persona ahí en la puerta, esperando la llegada del tan aclamado cartero para ver si le llega la carta que hace tanto tiempo esta esperando. Mientras pensaba y deseaba encontrar alguna de esas cartas escritas a mano, perfumadas, de colores, salió a la calle con la bicicleta a un costado y antes de empezar a pedalear observo un poco el panorama desde la plaza, continuando con esa reflexión que había dominado su cabeza esa mañana.
Era una plaza diferente a la de su ciudad natal, un lugar diferente al suyo, hace ya 5 años que estaba viviendo en esta ciudad, que se encuentra a miles y miles de kilómetros de distancia de su pueblo. Ya se había acostumbrado a todo lo que uno tiene que acostumbrarse cuando conoce nuevas culturas. Pero algo estaba cambiando, Maria ya no estaba todas las noches presente, y eso hizo extrañarla y ya se sabe como es cuando se empieza extrañando una cosa, todo se termina convirtiendo en una angustia general, se empieza a recordar cada lugar, cada detalle de su antigua vida y no queda mas que extrañar todo.
Pero la vida sigue, los minutos pasan y las cartas son muchas como para detenerse a observar y pensar, ese no era su trabajo ni quería que lo fuese, así que se subió a la bicicleta y continuo con la adrenalina de su nueva vida.
Un día complicado, pero volvió entusiasmado a su casa, calentó un poco de arroz y se cocino unos huevos, al terminar no le dieron ganas de leer, cambio un poco la rutina, con esperanza de cambio, y se puso a escuchar un poco de música, al rato ya estaba dormido en el sillón del comedor.
Muerte, nadie la conoce ni sabe como se siente pero estar seis horas sin pensar absolutamente nada o no recordar nada si es que en algo pensaba, era lo mas parecido a su idea de muerte. Hace tiempo que llevaba una vida nocturna con Maria, dormia y siempre tenia historias nuevas, vivía de día repartiendo correos pero esperaba llegar a su cama para poder de alguna manera, seguir viviendo, con ese tono de irracionalidad que nunca iba a aburrirle. Pero esto se estaba cortando. Hace días que ya partía para el trabajo con el peor de los humores, sin ganas de ir a repartir aburridos correos por calles que perdieron la alegría. No tenia ganas de ir por calles angostas arriesgando su vida ni la de su querida bicicleta, prefiera ir despacio pidiendo permiso antes que comerse una puteada sin sentido.
Las mañanas se repitieron, los días igual y en las noches el seguía con esa muerte de la que cada mañana resucitaba para continuar con su malestar corporal, su aburrido desayuno y su ida al trabajo sin nada que reconstruir ni armar.
El trabajo se hacia cada dia mas corto o el entregaba todo cada vez mas rapido, ese dia particularmente entrego todo en pocas horas y se fue a su casa a leer acostado en su cama.
Al otro dia ya estaba como siempre revisando y ordenando sus correos antes de salir, cuando en una de las direcciones de emisión encuentra el nombre de su ciudad, de su pueblo. Era la primera vez que llegaba una carta desde allá, pensó en su hermana que había prometido mandarle una antes de que el se fuera, pero si en cinco años no había cumplido, porque iba a cumplir hoy. Era una carta de color, escrita a mano. No tenia sentido seguir especulando, dirigió la mirada al nombre del emisor "Maria Clermont". Se quedo mirando por un rato sin correr la vista y sin mover ni un músculo facial. Después de un rato corrió la mirada a la calle y volvió a la carta. Si, Maria Clermont, por mas de que lo revisase tres veces mas, que lo hizo, el nombre no iba a cambiar. -Maria Clermont. Recordó ese momento, cuando ella se presento y lo dijo con esa voz tan sensual, casi sin abrir los labios, pronunciando un francés exagerado, . Maria Clermont, lo decía como si hubiese nacido y vivido tres o cuatro años en Francia. Maria Clermont, sonaba tan perfecta su voz inmadura, con esa ingenuidad mentirosa que al exagerarla tanto no podía evitar reirse. Se la imaginaba practicando frente al espejo. Maria Cleggmo Maria Cleggmon. Mas que imaginarla la recordaba, espiandola desde el cuarto mientras ella terminaba de lavarse los dientes y lo decía una y otra vez.
Sin desviar la mirada del nombre alcanzo con su vista periférica la dirección, no la de Maria, la suya, la dirección en la que el vivía actualmente, a donde estaba destinado el correo. Tuvo que tomarse unos cuantos segundos para respirar tranquilo, luego de eso la abrio sin desesperarse pero con unos movimientos torpes no dignos de un cartero. Por fin la abrio y estiro el doblaje del papel, ya la tenia en frente de sus ojos. Pero hubo un problema en su visión, no alcanzaba a ver bien las letras, las palabras, no podía leerlas, los ojos estaban casi cerrados y secos, muy secos, era muy temprano y tanta luz le provocaba eso, no podía enfocar, intentaba abrirlos pero era como si los tuviese pegados. Finalmente luego de usar sus manos para estirar sus pupilas y acomodarse un poco los ojos, logro leer la breve carta que tenia en sus manos.
Me voy para alla, voy a estar llegando el jueves a primera hora a la estación, si podes irme a buscar seria buenísimo sino pregunto por donde estas parando, o viviendo en realidad. Por como sos vos ya debes ser amigo de todo el mundo asi que no va a ser muy dificil encontrarte.
Como era yo? - penso el mientras leia la carta, fue lo primero que pensó antes de sonreír por veinte minutos seguidos, por mas que intentaba dejar de hacerlo, su esfuerzo era inutil, cuando mas lo intentaba mas le daba gracia su triste situacion de querer dejar de sonreir, es que ya le daba verguenza ir por la calle contrastando tanto con las expresiones de la gente que caminaba por las veredas.
JUEVES. hoy era jueves y ni lo habia notado, hace tiempo que ya no miraba el dia, hace unos dias que ya no le importaba. Hoy era jueves, ahora era la primera hora de la mañana y la estacion quedaba lejos de donde estaba repartiendo el correo, pero que importaba el correo, se saco el morral, lo acomodo en su canasta y saco su cuerpo del asiento para pedalear como quien diria, parado en la bicicleta. Como en sus primeros días de trabajo fue esquivando autos y colectivos, subiendo a las veredas pasando entre el trafico humano que ya poco importaba, los semaforos se alinearon y jugaron de su lado, a los pocos minutos ya veia entre los edificios la gran estacion oxidada que por poco se venia abajo. Hace tiempo que era algo pendiente para el gobierno, de arreglar claro, pero nadie queria encarar semejante proyecto, sabiendo que en unos años iban a dejar el poder, o sea que cuando las construcciones terminasen y haya otro al poder iba a.. A quien le importa la puta estacion? El ya estaba acomodando su bicicleta ahi, afuera, arreglando un poco su ropa y su peinado y secandose la cara con su remera blanca.
La gran estación, tan imponente, hace tanto que no entraba, no pudo evitar mirar para arriba y ver cuan alta era, y como en toda la ciudad, cuanta gente caminaba por allí.
Empezó a caminar, ya eran las nueve de la mañana y según lo que pregunto, el de tren de Maria ya había llegado. Ahí estaba el, sin su bicicleta, caminando entre la gente prestando atención a las caras mas que nunca, todas parecían ser ella, la gente empezó a acumularse en un solo lugar y caminaban para todos lados, no había filas paralelas que iban de un lado a otro, todos se cruzaban formando perpendiculares por el gran salón. Las personas eran en su mayoría de gran altura, con un tamaño poco común y no dejaban ver mas que a un metro de distancia. Empezó a caminar y ya no le gustaba pensar que podría tardar mucho en encontrarla. Su sonrisa ya se había borrado e iba serio, preocupado, corriendo a la gente que se le ponía en su camino,uno paso corriendo pisandole los talones, casi haciendo que se tropiece, levanto la vista y largo esa ira acumulada, por esa garganta reprimida.
De pronto, vio su cara, en ese hueco, ese vacío que era una perpendicular mas, pero de aire, que daba al banco donde estaba ella sentada, y ahí estaba su cara con el mentón bien arriba, intentando buscar acaso la cara de el. Estaba con las cejas levantadas y una mano acomodando su flequillo, su mirada le delataba ansiedad.
Por ese espacio de aire empezo a caminar o quiso hacerlo pero en cuanto dio el primer paso, todo el aire se convirtio en piernas, piernas largas. Fue como si todos al mismo tiempo hubiesen cambiado su trayectoria para llenar ese espacio vacio. Empezo a pasar agachando su cabeza y flexionando sus rodillas, golpeando contra todo tipo de caderas. Entre tanto alcanzaba a ver sus ojos y sus cejas, era el norte que necesitaba para seguir avanzando. Empezo a correr porque sentia que cada vez estaba mas lejos, y asi era, mientras el corria el banco mas se alejaba, el seguia corriendo lastimando su cara, deformandose poco a poco, pero con ella cada vez mas lejos y mas lejos, sus piernas ya le pesaban y empezó su desesperación que desemboco en su transpiración, estaba completamente mojado, se le caían los pantalones por el agua que tenían, la remera largaba mas olor que nunca, cuanto mas se movía, todo esto crecía, ya no podía verla, su vision volvía a fallarle, las pupilas volvian a pegarse, los ojos a secarse y ya los dedos no funcionaban, las uñas no ejercian presión sobre sus inactivos ojos, los sonidos se mezclaban, nada funcionaba como el queria, nada avanzaba. Estaba peleando con sus manos, intentando hacer funcionar su cuerpo, cada vez se movía mas rápido, cada vez sufría mas la desesperación, seguía corriendo, ciego y sordo, sosteniendo sus pantalones, todo se acelero y nada mejoraba, nada cambiaba, pasaron los segundos y esta nada domino su cabeza.
La nada duro menos que un segundo, luego los ojos se le abrieron casi por un acto reflejo, ya estaba mas tranquilo, sentado en la cocina, después de tanto estrés en la estación, luego de tanto correr ya estaba acomodado en su banquito con la perfecta comodidad corporal, recordando todos los hechos, construyendo y armando la secuencia, tomando su desayuno, mirando el jardín sin mirarlo.
me gusta.
ResponderEliminarlagües
Te lo digo una y mil veces, tenes un don.
ResponderEliminaraha
ResponderEliminarGenialllll
ResponderEliminarGeniallll
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