lunes, 25 de octubre de 2010

Paralelas cruzadas

Y a la semana todos se conocían con todos. Los 1.612 habitantes se conocían todos. Caminaban por la calle y no podían dejar de mirarse, las quinceañeras miraban de reojo con la cara hirviendo de vergüenza y ellos, sus pares, se cruzaban de vereda y se escondían en su pelo. Las señoras grandes caminaban con soberbia como si no se acordaran de nada y los viejos pasaban, miraban, se codeaban y las saludaban, ellas seguían caminando. En los mas chicos era donde mas se notaba, ellos no esconden lo que piensan y son fieles a sus sentimientos, se cruzaban en la calle y jugaban como si se conociesen de toda la vida, agarraban las bicis e iban a buscar a los otros chicos. Los padres miraban y se miraban, se reconocían pero no se hablaban. Al noveno día la vi a ella por primera vez en el pueblo, comprando algo en el almacén de Pedersen.

En el siglo XXII, en el pueblo de Miravalle, un pueblo abrumado por la realidad que nos rodeo y encerró a cada uno de nosotros, nadie salía a la calle solo, prácticamente nadie salía de sus casas, el miedo había invadido el pueblo, el país y el mundo. La paranoia habia invadido el alma de las personas y nadie se arriesgaba a ser asesinado por un pancho, por unas zapatillas, por unas monedas, o por nada. Por eso es que en cada pueblo la gente conocia solo a sus vecinos, solo a los que vivian en las casas de al lado o una de diferencia. De ahi para afuera, los demas no eran mas que extraños, desconocidos que mejor no conocerlos. Nunca se sabe -decían los viejos.
Pero un 21 de julio una peste invadió a cada una de las personas de ese lugar. Todavía no encuentro el nombre perfecto para dicho fenómeno pero fue algo que cambio la vida de todos. Fue algo así como una vida paralela en un sueño, en El sueño, porque a partir de ese día, cuando todos vayan a dormirse iban a encontrarse en el mismo lugar, iban a soñar todos los mismo.

El 20 de julio me acoste en la cama con mi libro de Julio C., con una mano lo abrí en donde lo había dejado la noche anterior y con la otra revise abajo de la cama, para que no me faltase mi cuaderno con el lápiz entre su anillado. Ahí estaba la dupla que me ayudaba todas las mañanas a recordar el o los sueños de la noche anterior.

Un camino angosto, los arboles a los dos costados del camino, encorvados hacia adentro, formaban un techo verde que no dejaba entrar el sol del mediodía, pero a las 6 de la tarde entre los finos troncos aparecía y desaparecía el sol por el campo, que ya tenia los pastos por la altura de mi cabeza.
Eran las 5 de la tarde y ese lugar me sonaba familiar, ya lo había visto en algún que otro sueño, donde íbamos con un auto de noche a contemplar la nada. No duro mas de 5 renglones en mi cuaderno, no recordaba ningún detalle.
Pero esta vez todo me llamaba la atención y el atardecer me dejaba ver todo con una luz diferente.
Había cientos de personas en ese camino, las bicicletas no dejaban de moverse de un lado al otro, cruzando por caminos que salían entre los pastizales y las motos descansaban, no había lugar para ellas. Todos se relacionaban entre todos, la ronda de mate era gigante y la situación de alegría era irreal para mi tipo de sueños, todos hacían cosas que nunca harían en un sueño mío, pero yo actuaba como lo hacia en todos los sueños, miraba para abajo, me miraba las manos, y cuando levantaba la cabeza no podía entender las caras de las personas, quería abrir los ojos mas grandes pero se me cerraban, todos se estaban yendo y me pedían que los siga, yo corría y no corría, las piernas me pesaban, y el pelo se me caía en la cara, y ellos siguieron su camino, yo me quede atrás y el sueño continuo, pero esta vez sin mi. Yo no pude seguir viendo hacia donde iban todos pero sabia que hacia un lugar iban.

Me desperte y eran las 5 de la mañana, intente escribirlo pero casi no pude, no recordaba nada hasta que a las 10:00 AM sali a la calle con mi hermana. Antes de entrar a la panadería veo a un grupo de personas, no alcanzo a verles las caras por la lejanía de sus cuerpos. Se acercaron y las entendí, las vi, me las acorde, eran sus caras, estaban claras y sabia que eran ellas. Yo solo tenia 2 amigos en el pueblo y ninguno era uno de ellos pero igual los reconocí y sentí que ellos también a mi.
Entre a la panadería y atras entraron ellos, uno me encaro y preocupado estuvo a punto de preguntarme algo. Se limito a agarrar 2 kilos de pan y salió sin hablar con nadie.
Sali de la panadería y vi a mucha gente en la calle, haciendo nada, no sabían que hacer porque nunca estaban ahí a salvo que fuese para comprar cosas para la casa. Vi esa situación que me toco a mi en cada persona, en cada semáforo, los autos frenaban y se olvidaban de avanzar porque tenían la mirada en los autos de al lado, en las personas que caminaban por la vereda. Los reconocían, y muchos se sentían incomodos, muchos sintieron que los desnudaban con la mirada, que los intimaban, que podían saber que estaban pensando, y si lo sabían, porque la noche anterior se conocieron, se hablaron, algunos se mimaron y otros se odiaron.

La particularidad de esta peste no solo fue estar todos conectados a la noche en un mismo sueño, sino que había solo un factor que no existía en ese mundo mitad ficticio y mitad real, La mentira.

Al segundo dia la calle era un descontrol, todo el mundo estaba fuera de sus casas, comentando con sus amigos y vecinos que era lo que estaba pasando, en los boliches la gente se quedaba dormida y se levantaba asustada. Habia tanta gente en la calle ese 22 de Julio, todos los locales estaban abiertos pero los ingresos no fueron buenos porque los que atendian en los almacenes, los mozos de los restauranes, las cajeras del supermercado se encerraban en el baño y no querian salir a atender, sentían y bien sentido, que las personas a las que atendían habían sido las mismas con las que habían establecido un tipo de relación, que al parecer no las hacia sentir cómodas, porque ahora estos clientes conocían sus mayores defectos y sus mas intimas virtudes Imaginen lo que seria el mundo si todos estuviésemos obligados a decir la verdad constantemente y a hacer, a hacer lo que realmente tenemos ganas de hacer en todo momento. El caos envolvería la Tierra en menos de unos dias. Por suerte todas las mañanas nos despertábamos y volvíamos a mentir para volver a ser lo que en realidad no somos.

La noche anterior a ese día, cuando me quede dormido en el sillón, la conocí a ella. La conocí en uno de esos caminos que salían entre los pastizales, estaba sola, algo extraño para esos momentos.
Me le acerque con mi bicicleta y sin pensarlo me le sente al lado. Estaba con su cámara de fotos, sacandole a la gente que veía pasar desde su lugar, le gustaban las fotos de personas que no conocía. Estaba acostada en el pasto, con una musculosa blanca y el pelo suelto, no tenia mas de 18 años, tenia cara de dormida, y la cara blanca que contrastaba con su pelo casi negro. Estuvo hablando de todos los temas que cualquier persona pueda imaginarse, pasaron horas pero el sol no se movia de su lugar, la gente iba y venia por ese pasillo de pasto y nosotros seguiamos ahi, mirandonos y yo escuchando.





Me desperte alterado, se me habia pasado todo el dia, o eso pense. Mire el reloj, marcaba las ocho, de la noche pense, abri las percianas y me di cuenta que recien comenzaba el dia. Recién comenzaba el dia en que la calle iba a estar rebalsada de personas que no dejaban de mirarse, como anticipe anteriormente. Yo la busque, camine y vi a todos caminando, parecia que mucha gente buscaba distintas personas, muchos las encontraron, yo no. Tuve que volver a mi casa, frustrado, ya eran las ocho de la noche, yo ya habia comido y estaba listo para irme a dormir, pensé que quiza podria encontrarla en mi sueño, en El sueño. Me acoste y apague la luz, queria dormirme pero la ansiedad no me dejaba hacerlo, cerraba los ojos pero la cabeza seguia funcionando en esta vida y no dejaba entrar al inconciente para que vague por esos pastisales y asi pudiera verla de nuevo. Ya eran las dos de la mañana, y mi cabeza no cedia, fue justo en el momento en que deje de luchar, justo ahi mi cabeza se durmio y mi inconciente entro.
Empece a cruzarme con todas las personas que habia visto en el dia, había padres que se encontraban con maestras de sus hijos, en medio de los pastisales altos que no dejaban ver sus ropas, o acaso no las tenian. Los grupos de personas eran cada vez mas grandes pero yo no queria unirme a ninguno. Ella tampoco, porque alla de lejos la vi llegando con mi bicicleta, me dijo que me estaba buscando hace horas. Se bajo de la bicicleta y se aplasto contra mi sin esconder nada de lo que pasaba, aun que quisiese no iba a poder hacerlo. Aca nadie podia esconder nada, nadie podia evadir lo que le pasaba, eso seria mentirse a si mismo y eso tampoco estaba permitido. El sueño de la Verdad, creo que así podría llamarse la peste, aun que no me termina de convencer.

Los dias empezaron a repetirse y las noches también. Ella no podia vivir o dormir o soñar en realidad sin mi y yo no podia hacerlo sin ella, empezamos a necesitarnos y siempre conociamos algo nuevo del otro, sus defectos me causaban gracia y pasaron a ser sus meyores virtudes, sus equivocaciones le daban la ingenuidad que le faltaba a su personalidad y ella se burlaba de mi inseguridad, haciendome quedar mal con cada habitante del nuevo y alucinante pueblo en que se habia convertido Miravalle.
El problema con el dia se repetia, no podía cruzarmela, no sabia porque no salía de su casa, no entendia porque no estaba ahi en las veredas como yo lo hacia con ella. Pero de noche la relación empezó a ser cada vez mas intensa. La cuarta noche, fue la primera vez que pude darle un beso, intento resistirse pero tuve mas fuerza que ella.
Cada noche me costaba dormir mas, cuanto mas lo intentaba, el insomnio crecía, durante el día hacia un millón de cosas para poder estar cansado de noche pero eso tampoco servia.
A la semana, la farmacia me facilito unas pastillas para dormir. Era mi droga para pasar mas tiempo con ella, para encontrarla, verla, tocarla. Hubieron días, digo noches, mas bien sueños que parecían eternos, parecía haber estado millones de horas con ella. Corríamos sin sentido, y al fin en un sueño pude sentir el correr, sentir las piernas, el movimiento, la naturalidad, corríamos por el pasto escapandonos de la multitud, buscando nuevos lugares. Ella le sacaba fotos a todo, corría con la cámara colgada y mientras sacaba fotos. No llegaba al metro y medio o eso parecía, le apasionaba tanto la vida como a mi, compartíamos la misma filosofía, pero no compartíamos la religión, porque ninguno de los dos la tenia. Podíamos hablar de cualquier tema que íbamos a coincidir y si no lo hacíamos era aun mas divertido. Tenia unos pies raros, unas piernas cortas pero espalda de una persona alta, y sin remera tenia la cintura mas perfecta del mundo.

Recién fue el 30 de Julio, nueve días luego del in creíble fenómeno, cuando en Pedersen, el almacén a dos cuadras de la plaza, pude verla de lejos, un poco distinta en su forma de vestirse. Al lado había otra persona, nunca la había visto en mi vida, ni de noche ni de día. Antes de comprar, el le dijo algo al oído señalando a la que atendía el lugar, ella sonrío, no aguanto y después se río, lo abrazo, y el le dio un beso.
Ella lo recibió con una sonrisa en la cara que no parecía falsa. Yo estaba a punto de entrar al almacén, me quede quieto por unos segundos, no podía razonar lo que estaba pasando, sabia que lo nuestro era pero no era real, sentí una traición, una infidelidad que no entendía si era cierta o no. Sin pensarlo mas entre y me pare en la fila. Justo atrás de ella. Ella dejo de reirse y se quedo mirando para adelante, intentando espiar cuanta gente faltaba para que le toque su turno. Yo la tenia justo adelante, parecia mas alta que en el sueño, el pelo lo tenia mas prolijo, la ropa era mas elegante, pero el perfume era el mismo. La mire fijo a la nuca, con toda la fuerza posible, de a poco todo el resto del almacén empezó a nublarse y solo podía verle el pelo. Quería y deseaba que se de vuelta y lo pedí sin mover ni un músculo, toda mi concentración estaba en que su cabeza gire y me vea, sabia que iba a hacerlo, no tenia duda que sin decirle nada iba a sentir mi presencia, iba a girar y obviamente iba a reconocerme. La fila avanzo, ella pidió, pago, embolso y se fue.

Ahora sabia que ella era real, pero no era esa la realidad que esperaba.

Senti que habia perdido todo, pero como todos los dias, el sol desaparece y la luna toma su lugar, la luz se esconde y las sombras se asoman. En cuestiones de horas ya se habia hecho de noche y con mis nuevas amigas las pastillas nos acostamos en la cama a esperar que ellas hagan su gracia o mejor dicho su efecto.

Entre en los pastizales y camine por todos los caminos, fui a todos los lugares a los que habíamos conocido, descubierto. Ella no estaba, la espere despierto toda la noche, o mas bien dormido, ella no llego, nunca se durmió. Mi obsesión empezó a crecer al saber que ya era alguien que no podía tener todos los días, ya las noches no me alcanzaban y empece a desesperarme, mi obsesión se transformo en enfermedad y quería tenerla a mi lado en todo momento. Pensé que podía tener la vida mas perfecta de todas, vivir con ella todo el día y toda la noche, no íbamos a separarnos nunca. Mis dos vidas paralelas iban a cruzarse para ser así la persona mas feliz del mundo. Tenia que convertir a ella en alguien mas que la chica de mis sueños, la necesitaba ahí, viva.

Al dia siguiente fui a buscarla y averigüé donde vivía, ya todos nos conocíamos y muchos conocían su casa, también averigüe por la persona que estaba con ella en Pedersen, el tenia su misma edad, mi misma edad, pero nunca lo había visto ni en el colegio ni en la universidad, menos en mis sueños. Parece que vivía en el pueblo vecino, Connietown. La ultima noche se habría ido a dormir a su casa, pensé. Pero iba a tener que volver a Miravalle así que la espere en la cuadra de su casa hasta que se hizo de noche.
Al rato la vi llegar, se bajo de un auto y encaro su casa, antes de abrir la gigantesca puerta de madera le aparecí de sorpresa parandomele en frente de su cara, sin decir absolutamente nada, y por unos minutos ella tampoco dijo nada.

Como todos en el barrio, ella sabia de este fenómeno, sabia que yo existía pero nunca lo había comprobado, lo que sentía por mi era real y los dos lo sabíamos, no había forma de que no lo fuese. No se animo a hacerme pasar porque yo no conocía bien a sus padres así que entró a la casa, entró a su cuarto y yo fui por afuera a la ventana de su cama que daba a la calle. Ella se apoyo contra un costado y yo me senté mirando mi querido barrio, dejando mis pies colgando. Lamentablemente ya casi no había arboles, eran solo un buen recuerdo para la humanidad. Así que la luna nos apuntaba casi como un láser hacia nuestras caras, hacia su cara. No sabíamos como empezar, aun que ya habíamos empezado hace mas de 10 días, ya nos conocíamos y sabíamos todo del otro pero fue una relación casi como la de dos personas que se conocen por internet, cuando realmente se ven no saben como hablarse, como tratarse. Antes de que yo le diga nada sobre lo que vi en el almacén, ella me contó que tenia alguien con el que intentaba tener algún tipo de relación, hace meses que venia probando pero la cosa no iba para ningún lado, solo necesitaba tener a alguien, para no sentirse tan sola. Fueron unas palabras que me aliviaron el alma, fue como un kilo de miel en la garganta cuando siento esos dolores en las cuerdas vocales a las cuatro de la mañana, en el medio del sueño.

Empece a mirarla de otra forma, con mas seguridad, seguimos hablando y conociendo un poco mas de nuestra realidad, ella seguía hablando de sus bandas de música, de sus actrices preferidas, de sus películas, y yo escuchaba y la miraba. Empezaron a pasar las horas y la relación empezó a ser la misma que lo fue en cada uno de los sueños, nos entendíamos y nos reíamos al mismo tiempo, el frío empezó a hacerse presente y me senté en su cama, ella me presto un buzo de su papa que usaba para dormir. Se había cansado de hablar y el sobretodo negro elegante que tenia puesto me empezó a molestar, se lo saque casi sin pedirle permiso, no objeto nada y ella misma lo tiro al piso. Con sus dos manos se saco la musculosa blanca que usaba para dormir, para soñar. Antes de que ella se diera cuenta, mi buzo o el buzo del jefe ya estaba en el fondo del cuarto, atrás de la puerta. Le saque lo poco que le quedaba puesto, nos acostamos en la cama y mientras sentía su piel blanca y fría contra mi cuerpo, nos fuimos. Sin nervios, sin ansiedad y sin pastillas nos escapamos de ese cuarto al mismo tiempo, nos fuimos a vivir como nos conocimos, soñando.

lunes, 11 de octubre de 2010

Alguien se acuerda la ultima vez fue a buscar a un amigo a la casa sin avisarle que iba a ir?
Hace cuanto que no salimos de nuestra casa, caminando, en bicicleta y le tocamos el timbre a uno de nuestros amigos?

Vamos a buscarlo, para que salga a jugar, para que salga con nosotros a hacer algo, para que salgamos los dos a buscar a otro mas. Vamos a buscarlo sin que el sepa que lo estamos yendo a buscar, casi parecería como una sorpresa. Eso, una sorpresa, para nosotros ahora eso seria caerle de sorpresa.

Porque voy a ir a buscar a alguien y arriesgarme a que esa persona no este?

Para que voy a hacer eso si tengo muchas maneras de contactarlo previamente y preguntarle si tiene ganas de salir a hacer algo?

Antes de salir puedo agarrar el teléfono de mi casa y llamarlo a su casa, si no me atiende nadie porque quizá estén todos afuera tengo el numero de su celular para mandarle un mensaje. Es posible que no tengo crédito para responderme así que puedo llamarlo, puede ser que no me conteste porque dejo el celular cargando. Por lo tanto voy y me siento en la computadora, me fijo en MSN a ver si esta ahí y le pregunto si esta en su casa, y si acaso no esta conectado le mando un mail, para que lo lea y me conteste si le interese que vaya a su casa para que salgamos y nos veamos. No me contesta el mail, me meto en facebook, me fijo si esta ahí, o si "hace unos minutos" hablo con alguien sobre lo que iba a hacer, o si Ayer a las 22:47 hablo con alguien sobre su paradero del día de hoy. Quizá no haya comentarios, así que me meto en twitter y me fijo que es lo que esta haciendo en este momento, ahí seguro voy a saber si esta o no en su casa y si tiene o no ganas de hacer algo.

Tenemos un millón de maneras de saber si esta en la casa o no, tenemos miles de maneras para buscar la manera de contactarlo y ahorrarnos el viaje, ahorrarnos ese momento. Ahorrar tiempo.
Eso es lo que buscamos constantemente, ahorrar tiempo, ganar tiempo, para usarlo cuando?
Lo guardas, lo dejas ahí y cuando lo sacas, cuando lo usas?
En que lo vas a gastar?

Estamos buscando enterrarnos en una comodidad que no nos conviene, que no nos sirve de nada. Lo único que logramos es vernos cada día menos, contactarnos menos. Confundimos contactarnos con hablar con una persona por internet, por una red social. Y hasta confundo hablar con escribir. Contactarse con una persona viene de tacto, para poder tocar a alguien necesito estar físicamente presente en ese momento, y poder hablar y no escribir, poder mirarlo o mirarla a los ojos y no mirar su foto. Poder verla mientras le digo algo, poder saber quien esta ahí en frente mío respondiendo. Poder verle la cara, ver cada mueca que hace antes de hablar, ver a donde mira cuando habla, si cambia el peso de una pierna a la otra o si juega con las manos, con las uñas. Necesitamos saber quien es y como es, externamente e internamente.

Tenemos que vernos mas con las personas que queremos vernos, tocarle el timbre y saber si tiene ganas de salir con vos a andar en bicicleta o salir a caminar. Si tiene ganas de ir a comer algo, ir a tomar algo o solo estar.
Estar ahí.

martes, 5 de octubre de 2010

Entre las paredes del Dinko

-En 5 minutos salimos –dijo su coordinador.
Ella siguió con la vista clavada en la bola negra como si nadie hubiese dicho nada. Tenia el entre cejo fruncido y la mirada concentrada solo en dos cosas. En la bola y en la esquina donde tenia que meterla. Era la única que no tenia maquillaje, la única que no tenia tacos ni vestido, la única que tenia el pelo sin planchar y los ojos cansados, la que esa noche no salía. También era la que nunca se metía en una conversación con nosotros. Tenia el pelo muy largo y mucha perfección en su cara, en cada facción. Parecía mas grande que el resto y nunca se detenía en ninguno, en nadie. Si me miraba era porque le quedaba de paso y si me escuchaba era porque yo estaba gritando. Nunca tenia intención de notar mi prescencia y peor aun, nunca me ignoraba. No ignoraba a nadie, pero iba caminando por el hotel con una soberbia que no se porque, me encantaba. Odio esas actitudes y esas miradas pero siempre me atraen. Y seria, siempre iba seria.

Termino el partido de pool y ella se quedo en los sillones mientras los demás salieron del hotel para ir a algún boliche, esos de entre tres y cinco pisos.
Yo había viajado con dos mas, los dos ya estaban durmiendo después de tocar unas canciones para las chicas que ya estaban en camino hacia el descontrol. Las conocimos a todas ahí en ese hotel, en esa semana. Nunca mas las volvimos a ver. Son esas personas con las que llegas a convivir en casi todos los sentidos. Son como tu familia, tomas el desayuno con ellos, comes con ellos, tomas algo a la noche con ellos, salís con ellos, cantas e improvisas, bailas y te sentas a pensar, hasta a veces veíamos Tinelli en familia, lamentable, pero si, con los días sentí que eran casi como una comunidad.

Ella apago la tele y se quedo sentada acomodándose su gorro blanco que usaba todos los días, ese gorro con el que pude distinguirla en la montaña desde la aeorsilla. La veía ir con su tabla, sin anteojos y sin campera. Bajaba tirada un poco para atrás, con esos pantalones coloridos y la mirada relajada. Bajaba como si no estuviese bajando.
Mientras ella se quedo ahí sentada, sola, en la planta baja, descansando supongo, yo camine tranquilo hacia las escaleras y empecé a subir hacia el segundo piso, donde estaba mi cuarto. Cuando vi que ya no estaba al alcance de su mirada empecé a correr, quería ir a buscar el Fernet que había sobrado de la noche anterior, ya había vasos en la mesa y solo quedábamos nosotros dos despiertos. Seguí subiendo, seguí corriendo pero en el ante ultimo escalón del primer piso se me salio la pantufla, me encantaba usar pantuflas adentro del hotel, y mi pie derecho no dio a parar con el escalón, todo mi cuerpo se destabilizó, solo me acuerdo del primer golpe en la cabeza contra uno de los escalones, lo demás solo ella lo vio.
Ya había tropezado con esta escalera pero nunca tanto como para quedar suspendido en el aire sin poder ofrecer resistencia. Me acuerdo el día en que leí el titulo del cuento de Cortazar. Si, de eso me acuerdo cuando estoy en el aire, antes del primer golpe. Que titulo estupido pensé, quien puede hacer un cuento sobre un tema tan intrascendente como subir una escalera. Tal intrascendencia casi me lleva a la muerte.

Abrí los ojos y no había nadie, mire mi cuerpo y estaba intacto, me pase la mano por la cabeza o eso pensé que hice. Mi mano seguía ahí y mis ojos no estaban abiertos. Había sido solo un adelantamiento de mi mente, suele pasarme cuando me despierto, creo haberme cambiado y tomado el desayuno pero cuando abro los ojos sigo en la cama. Así fue, abrí los ojos y estaba ahí. Yo no, o si, yo también, pero ella estaba ahí. Solo ella mirándome, seria y poco preocupada. Me llevo al sillón y me pregunto si quería algo. No me dolía casi nada, solo un poco la cabeza, el mareo duro no mas de diez segundos. Después, todo estaba como antes de subir las escaleras.
Se sentó al lado mío y me pregunto el nombre, después de 4 días siendo parte de mi familia, no sabia mi nombre. No lo había preguntado, no lo había escuchado, ninguna había hablado de mi persona, eso no ayudo con mi autoestima en ese momento. Le respondí y le pregunte si quería tomar algo. Un poco inadecuado. Acepto. Le dije que iba arriba a buscar un Fernet que había sobrado, se río y me dijo que me acompañaba.

A ver si se te sale la otra pantufla –agrego.

Subimos y mi cuarto estaba con la puerta entre abierta y la luz apagada. Igualmente la luz de la luna mas el reflejo en la nieve, iluminaba el cuarto tanto como para que se vieran todos los obstáculos, ropa, botas, tablas, camperas, que tenia que esquivar. Mas bien que teníamos a esquivar porque ella entro con migo, algo totalmente inesperado
No se escuchaba ni un solo ruido y entramos caminando lento e intentando no pisar el piso. El objetivo era llegar a la mesada donde estaba la botella y los vasos, sin que ninguno de los dos vagos que dormían se dieran cuenta. Parecía mas un juego que otra cosa, porque no creo que hubiese sido tanto problema levantarlos a las 2 de la mañana en un viaje a Bariloche. Llegue a la botella y me di vuelta para pasársela, estaba toda mojada y cuando ella la agarro se le resbalo de la mano. Ahí. Ahí se congelo todo, no mire su mano, estaba mirándole la cara, cerro un poco los ojos y tiro la boca para un costado mostrando los dientes, sacando afuera toda la inocencia que no quiso mostrar durante todo el viaje. La botella callo en una montaña de camperas sin hacer ruido y ella levanto la vista pidiéndome perdón con la mirada.
Salimos del cuarto y se empezó a reír en voz baja, me pego en el brazo y se acomodo el gorro que se le había caído en la cara. Lo vi en su cuerpo, en sus piernas, estaba nerviosa, había vuelto a su infancia, había vuelto a jugar y sintió la adrenalina que desde hace tiempo no sentía No se quien le dijo que tenia que ser una persona seria. Pero hasta ese momento ella había seguido esas instrucciones al pie de la letra.

Bajamos y terminamos la botella al mismo tiempo que terminamos el partido de pool. Estuvo toda la noche refregándome su triunfo. Yo estuve toda la noche disfrutando cada vez que ella me gozaba, pero fingía estar molesto, no quería cortar ese juego.
A unas cuadras teníamos la montaña, así que salimos a aprovecharla, ella me lo propuso y yo lo dude. Mentira, pero un poco lo actúe, como pude pero lo hice. Salimos y caminamos abrazados, creo que por el frío. Hicimos menos de dos cuadras y volvimos, nuestras remeras no soportaron el frío de las 4 AM.
Volvimos al hotel. Todavía no había llegado nadie, subimos las escaleras y la deje en la puerta de su cuarto, me di vuelta y me fui, sin despedirme, sin decirle nada. Di unos pasos y escuche que me estaba llamando. Claramente era lo que estaba esperando.

Esta cerrado, las chicas se llevaron las llaves seguro- dijo con frío en la voz.

Claramente no era eso lo que estaba esperando. Pero ese hecho, su frase, hizo saltar en mi cabeza una idea que habia sido olvidada. Una idea que estuve pensando toda la noche, desde que entramos a mi cuarto a buscar la botella. No aguante o el Fernet no dejo que aguante y le pregunte si quería venir a dormir con migo. Si, le pregunte eso. Asi, sin mas vueltas.
Hay personas que conoces y tenes ganas de darle un beso, otras que conoces y queres llevarlas a un telo. También están las que queres o necesitas ir y abrazarlas, no se si tiene que ver con su físico, con su cintura, pero queres hacer eso. Desde que la vi a ella adentro de mi cuarto con esa inocencia, quise que duerma con migo. Sabia que eso incluía las otras tres también. Darle un beso, abrazarla y.. en un hotel ya estábamos.
Igualmente esa noche no quería incluir esas tres, solo quería estar en todo ese proceso. No era dormir con ella todo lo que quería sino ver y sentir el momento en que iba a sacarse las zapatillas, ponerse un short cómodo y meterse en mi cama con migo. El primer acercamiento, sin tocarla, poder oler el perfume que se olía desde la aerosilla, poder escucharla respirar, tan de cerca. Poder verla dormir, mientras estoy despierto y mientras duermo, en alguna aparición de algunos de mis sueños. Y al final, ver el momento en que se despierte, estar ahí cuando salga de la cama para verse en el espejo, acomodarse el pelo, ponerse su gorro y bajar a tomar el desayuno.

Y así fue, cada uno de esos momentos, hasta que terminamos cada uno en una mesa distinta tomando el desayuno, había mas de sesenta personas en ese lugar y nadie sabia nada, ella como siempre, casi ni hablaba.
No me hablo durante todo el día pero pasar por al lado de ella era distinto, para el resto su mirada era igual pero yo la sentía diferente, yo sabia que era diferente. Nos sentábamos al lado viendo a Tinelli, ninguno hablaba pero tampoco ninguno miraba el programa. En la montaña íbamos juntos, andábamos juntos. Nunca nadie se daba cuenta que había algo raro, todos pensaban que nosotros seguíamos sin conocernos, sus amigas creían que ella a mi no me conocía, que no sabia mi nombre y ella actuaba tan bien su papel de soberbia, porque ahora si, era un papel, que todas y todos creían que entre nosotros no pasaba nada.
A la noche, cada noche de las 3 que quedaron, ella durmió con migo, o yo con ella, mientras nadie nos veía nos encontrábamos en los pasillos, como en las películas, como en los sueños. A veces nos quedábamos en el pasillo comiendo algo y después íbamos a mi cuarto, o a su cuarto, y nos despertábamos antes que todos, era desgastante y cansador, dormíamos menos que el resto pero durante el día estábamos mas activos que todos.

La ultima noche nos encontramos en el pasillo, y después de hablar unas horas sobre las sospechas de algunos , de esos que les gusta observar las actitudes de los demás, esos que les encanta juzgar al otro, después de hablar de ellos nos fuimos a mi cuarto y ella entro casi sin hacer ruido, como si no estuviese ahí, se acostó en mi cama y yo me deje caer en las sabanas.


Pum. Escuche un golpe seco que hizo eco en mi cabeza por un rato. Mire para el costado y ella ya no estaba.
Se habrá ido al baño-pensé.
Pero mire para el otro costado y tampoco estaba el cuarto. Empecé a sentir la espalda y a sentir en donde estaba apoyada, no había sabanas abajo mío, había alfombra y un escalón donde se apoyaba una de mis piernas. Me levante, estaba al pie de la escalera, no había nadie cerca mío, empecé a caminar y vi la mesa de pool. Estaba vacía. Al lado estaba el sillón y la televisión. Estaba en la planta baja. Del sillón la vi levantarse a ella, que estaba acomodándose su gorro blanco. Se puso de pie y vino hacia donde yo estaba, yo la mire

A donde vas? -le pregunte.
Me miro, seria, me miro porque le hable, me miro porque paso por al lado mió, sentí su antigua soberbia mas presente que nunca y me di cuenta que no había actuación, era real. No respondió a mi pregunta con palabras, solo puso una cara muy poco expresiva sin entender porque yo le había preguntado eso. Siguió caminando, subió las escaleras y se fue a dormir, a su cuarto.