
Se conocen en profundidad en ese infierno sin descanso, los olores y los ruidos se complementan molestando sus sentidos, pero ellos siguen esperando.
Allá los veo, solos entre la multitud, la gente va y viene, cruza las calles, corren por las veredas, entran en los bares, los tacos altos aplastan el marrón que invade las veredas, Cabildo es un puño apretado que no da tregua y ellos siguen ahí, ingenuos a las realidad que los rodea, hablando de otra cosa, viendole la otra cara a la moneda, pero en su interior saben que esperan, ninguno se olvida que están ahí por algo.
Pasa el tiempo, los tres empiezan a cansarse, el infierno crece y empiezan a notarlo, la lucha contra la paciencia se torna ardua, y ninguno quiere ceder, ninguno puede ceder, necesitan volver a sus casas. Los números equivocados siguen pasando, los largos tanques escupiendo humo ruedan por cabildo, dando cátedra de como no hay que manejar.
- Allá atrás del 110 creo que lo vi- dice uno esperanzado mientras el otro contaba lo buena que estaba la nueva fotocopiadora. La interesante descripción de la morocha se detuvo y los tres giraron, el 110 no se corría, la cola de pasajeros era extensa y todos esperaban a esa vieja que no llegaba al metro cuarenta a que se subiese, segundos mas tarde y luego de que dos mujeres la ayudasen ya estaban todos arriba y el 110 tenia que correrse, el tiempo esta vez nos ayudo y el semáforo cambio a su ultimo color.
Allá estaba, era real, era el majestuoso rectángulo que tanto querían, uno sonrío y miro para abajo, los otros dos se abrazaron y uno murmuro "esta vez creí que no venia".
Ya nadie mas podía decirle ni reprocharle nada a tan imponente figura, pocas cosas mas placenteras que verlo andar con tanta elegancia, tan firme y con tanta presencia, mostrando su porte ante sus precarios colegas que de esos colores extravagantes envidiaban tanta grandeza.
Que distinto se lo ve, es como el Messi del balón pie, va acariciando el asfalto, desfilando para que nadie en su interior salga lastimado, elocuente despliega una simpleza desde el campo hasta Plaza Italia, o en su largo trayecto hasta Congreso que es admirable, cuasi inimitable.
Llego el momento de montarse en el, subirsele y poner lo que haya que poner para que nos devuelva al campo, librarse de esa Divina Comedia que el centro de la ciudad nos muestra.
Hicimos un paso arriba y la decepción que nos llevamos fue como la de un principiante en este viaje cotidiano, nunca lo había visto tan lleno. Yo no creo en la claustrofobia pero ese día conocí mas que eso, conocí una sociedad entera dentro de un pasillo lleno de asientos, y con ella conocí los olores mas inhóspitos del mundo. Olores que nunca había olido entraron por estos orificios, algo que nunca había sentido familiar, viniendo de personas que no podía imaginarme de donde venían de trabajar, pero allí estaban emanando semejantes olores de todos los colores.
Tan querido y elogiado por fuera, termino por convertirse en un capitulo mas de la Divina Comedia, para colmo llego el momento en que uno de nosotros pisaría tierra firme y caminase a su casa las 10 interminables cuadras. Luego del incansable roce de brazos y espaldas,de los bolsos y maletines impidiendo el paso, de las piernas peleando por un lugar en el angosto pasillo, uno de los nuestros logro bajar junto a dos personas mas. Pero abajo eran 10 mas que querían entrar. El choffer amago con cerrar las puertas, pero 7 lograron subir y se sumaron al estrepitoso viaje. Entre tanto silencio, el señor que estaba al volante grito:
- Si cierro las puertas es porque no hay mas lugar, es pa que no suba mas nadie
- Si atra esta vacío gil- contesto el 7mo con su cara junto al vidrio.
Un silencio invadió el lugar, nadie hablaba en el pasillo, y menos en los asientos. Casi no se podía hablar, casi no podíamos respirar, la falta de aire se acumulaba y las ventanas permanecían cerradas, por un momento ráfagas de aire amenazaban con entrar por huecos que se formaban en este infierno. Segundos mas tarde, el chofer extendio su mano, puso punto muerto y dijo:
- Sabes lo que pasa? Yo llevo gente, no animales.
vos sos un genio Alex, un saludo desde el C.I.C.
ResponderEliminarjajajaja que buena frase, un sabio el colectivero
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