10 Enero
Llego al pueblo, pueblo con apariencia de pobreza, con afan de grandeza.
mezcla de idiomas y calles de tierra.
Un lugar donde lo verde nubla la vista, las subida y bajadas fortalecen las piernas , la falta del telefono incrementa la comunicación, donde un grito vale mas que un mensaje, una corrida mas que una llamada.
Todo es diferente, tirado en una hamaca disfrutando de la altura,
para buscar a alguien no sacas nada del bolsillo, te levantas y lo buscas vos mismo, para hablar con alguien no hay que llevar nada a la oreja, hay que encarar, animarse y bancarse a tenerla cerca.
El pueblo se siente distinto, sentis al brasilero y escuchas al argentino, sale caipirinhia y deshinibis tus sentidos.
Pero personalmente lo mio es mas simple, cambio una vocal por otra y descubro algo distinto, ya sin la O, conociendo la U, faltando una hora de vuestra vida de 5 dias lo hice.
2 horas después ya quería volver a verte
Hoy todo dio un giro, a 10 metros de la antigua casa, de la vieja hamaca, acostado en otra del mismo calibre, misma vista pero no la misma vida, ya no se escucha la música, ya no paso por esa escoba, 5 amigos sentados mirandose la cara denota alegría, un pan con requeshao ya pierde su mística.
No estoy triste con mi familia, pero la convivencia, las mininhas y las caipirinhias eran una perfecta rutina que nadie quería terminar, no había razón para abandonar tanta perfección
Que vacío se siente cuando encaras la subida, ver esas dos casas sin gente, totalmente apagadas, No escuchar absolutamente nada.
Por quedarse 15 días mas con esa vida daba lo que sea, por un tensión mas renunciaba a cualquier obsesión, por un cashasa con jugo sacaba hasta la ultima bolsa, no se necesita mas que esto, no hay nada como Rosa
16 de enero. Brasil
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