domingo, 15 de julio de 2012


No conozco el tacto, sigo yendo al vacío sin ver que la solución esta ahí, al alcance de mis manos; mis manos vírgenes de afecto. No pueden tocar. No saben. O eso creen. Yo creo que no se acuerdan, que se olvidaron, que perdieron la capacidad de dar amor con la yema de sus dedos, que van inútiles paseando por el mundo físico, que no se animan, que tienen miedo de tener razón, de tener la razón, de tener la responsabilidad de amar. Responsabilidad, ahí esta el poder, en tomar responsabilidad. Miedosas las manos que retienen al alma, que reprime su capacidad de dar y recibir amor. Estúpida la razón, que retiene a las manos, que reprimen su capacidad de dar y recibir amor. Soberbio el intelecto, que retiene a la acción, observando y analizando, disfrutando de su capacidad de ver mas allá, frenando todo impulso, odiando todas ganas de hacer, reprimiendo la capacidad de dar y recibir amor. 
Calor es lo que falta.  Pero para eso se necesita energia. Pero para eso se necesitan cuerpos. Inercia es lo que falta. Pero para eso se necesita movimiento. Pero para eso se necesita creacion y Para eso se necesita amor. Se necesita ser. fluir. nacer. morir y renacer. 
Si tan solo todas pudiesen bailar y conectarse. Si todos dejaran a sus manos ser quienes quieren ser. Si tan solo nadie retuviese el impulso de rozar tu cara. Dejarlas disfrutar de cumplir su función de complementarse con las demás y sentir. Todos buscamos lo mismo y nos escondemos, disfrazandonos de seriedad, de orgullo, de altura, de suficiencia, de indiferencia. Eso es el ego, el ego que se manifiesta con distintas caras. El ego, fiel enemigo a la hora de amar. Hasta cuando se trata de amarse a uno mismo, ahí se esconde en las sombras de la victimizacion, el rencor, la bronca, el odio.
Hablo de todos, buscando un refugio en común, buscando el sentido de pertenencia. 
Contacto, físico, metafísico, suave, intenso, profundo, que exprese sin decir, que diga son sus yemas, que grite con su palma, que acaricie con sus dedos, solo que bailen con tu cuerpo, que se miren entre ellas, y que entiendan hoy y de una vez por todas, son exactamente iguales, son únicas e irrepetibles. Son lo mismo.