viernes, 13 de mayo de 2011

Ese lento semaforo

21 de Julio.

Descolgó la mochila de sus hombros, se saco la campera y mientras abría la puerta de atrás, dejo ambas cosas en el asiento trasero de su auto. Al cerrar la puerta vio su para golpe caído, lo arreglo y subió al auto.Ya listo para arrancar en su largo viaje del centro de la ciudad a su humilde pueblo, inclino la cabeza para mirar el cielo, nubes encontradas y relámpagos. Pronostico actual; Sin lluvias. Busco la radio abajo de su asiento, la puso y busco en el dial su programa preferido.
Cualquiera que fuese su humor diario no cambiaba la rutina de su vuelta a casa. Había dias que después de bajarse para abrir el portón, pensaba, Como fue que llegue. Tal era su atención en ese programa de radio que podia abstraerse casi por completo de lo que pasaba en la calle. Sus manos al volante y sus pies a los pedales debían actuar por instinto, por inercia o siguiendo los demás autos, la verdad ni el sabia como. Paralelamente su cara y su mente prestaban atención a todo lo que pasaba en su programa radial.
Hoy fue uno de los días en que probablemente mientras abra el portón iba a sonreír intentando recordar el viaje. A las siete empezaba el programa y los Miércoles la sección que sonaba era Gorda come helado. La locutora, interprete de este personaje le daba consejos a los oyentes mientras, como dice su nombre, comía helado. Esa actuación era formidable, nunca vi mejor manera de interpretar una gorda en radio.

El semáforo en amarillo y el auto de adelante clavo los frenos, el sonriendo y pegado al volante, acercandose a la radio, como si los parlantes estuviesen adelante, freno de golpe sin borrar la sonrisa de su cara. Había tres semáforos mas funcionando a sus alrededores, para los que doblan, para los de en frente y para la diagonal de la derecha. Este semáforo era de esos que si estas atras de todo en la fila, vas avanzando en largas cuotas.
Miraba para el costado y hacia muecas, como imitando a la gorda come helado, por momentos fruncia las cejas, levanaba los pómulos y abría la boca para escucharla mejor, mientras mas se acercaba al campo, a su pueblo, peor era la señal. Tenia un colectivo al lado, a su izquierda, parecia el 60, el uno o el cuatro, por el recorrido que estaba haciendo. Adentro, pegado a las puertas de descenso del medio del colectivo, un señor con mameluco verde tocaba el timbre para que le abriesen ahi asi podian bajar en ese semáforo que tanto se demoraba. Pero como debe ser el colectivero no abría. No todos te tiran ahi en la calle, aun que saliendo de la capital federal toda ley se quiebra con mas facilidad.
Eso lo distrajo, habia estado mirando ahi por varios segundos pero nunca había visto el colectivo, como cuando nunca veía el camino. La gente seguía apretando el timbre, viajaban todos apretados, transpirado, como todos viajamos alguna vez en una vuelta sesentosa..
Sintio una mirada, de todos los cuerpos sentados en los asientos contra la ventana había una que no miraba al frente, sintio que una cabeza miraba para el costado, para su auto. Ya conciente del mundo exterior y con la radio molestando de fondo, miro el cuerpo que hacia la excepción, miro la cara que lo miraba, la miro.
Se quedaron mirando, el la reconocio, ella ya lo había reconocido desde el principio. Sentado con la calefacción y su programa de radio la seguía mirando. Pasado unos segundos, el reacciono y abrió mas los ojos, movió la cabeza al mismo tiempo que su brazo señalando el asiento de acompañante, que claro, estaba vacio. Ella, con pollera y remera de colegio miro entendiendo su proposición pero diciendo con su cara lo contrario. El volvio a señalar su asiento vacio y siendo un poco mas explicito le dijo moviendo la boca. Te llevo.
Las puerta se abrieron, tanta insistencia del señor de mameluco verde valio la pena. La inflexibilidad del señor al volante también ayudo. Ahora las puertas estaban abiertas, ella sentada al lado de las mismas las miro, el frío invernal entro y la gente seguía bajando. El miro el asiento acompañante y agarro los cds que estaban ahi reposando y los tiro para atras. Ella como si no tuviese mas remedio, como si el camino se le hubiese abierto para acceder a lo que tan raro le parecía, agarro su mochila que estaba en el piso, se levanto pidiendo permiso y se tiro del colectivo a la calle. La moto que pasaba adelantandose entre los autos casi la atropella pero ella ni cuenta se dio. Se estiro y le abrió la puerta, ella entro y su mochila volvió al piso, pero esta vez, del auto.
Parecía que el cielo se venia abajo, la luz diaria ya casi había desaparecido pero las luces incandescentes y momentáneas aparecían por panamericana a cada rato. El bajo la radio y explico. Tarde en reconocerte, perdoname. No te ibas a comer todo el viaje cuando vamos para el mismo lado. Va, seguís viviendo ahí no? - pregunto al final solo para asegurar lo que ya sabia.
- Seguis viviendo ahí no? - repitió la pregunta por que pensó que no había modulado bien, quizá por los nervios.
-Si si - Respondió ella con displicencia, con ese elegantísimo que solo las mujeres pueden mostrar ante una situación, convengamos, rara.


Vivían a cuatro casas de diferencia, el vivía al principio de la cuadra y en la ultima casa, pegada al arrollo, vivia ella. Viole veni para acá! Le gritaba la mama hace tantos años evitando que se acerque al arrollo, aun transparente. No mantenían ningún tipo de contacto desde 1996 cuando el tenia siete años y ella a penas tres. El salía con su bicicleta a levantar tierra por la cuadra, mientras ella jugaba con la manguera, el iba y venia recorriendo toda la cuadra, era su único destino. Pasaba frente a ella y ella lo mojaba, el se reía, giraba y volvía a pasar, ella lo mojaba, el daba la vuelta y volvía a pasar, ella lo mojaba, el se reía, sacudía la cabeza y tambaleaba a punto de caer y volvía a pasar, ella lo mojaba. Después de un rato se cansaba y emprendía la vuelta al principio de la cuadra todo mojado, lleno de tierra pegada a su piel. Volvía para saltar la zanja con esa rampa que le había armado la señora que trabajaba en su casa. Ella se quedaba ahí con la manguera en la mano, con el agua corriendo, esperando a que vuelva a pasar, pero cuando el se iba, nunca volvía.

Fueron pasando los años, el llegaba a los doce y aun con su bicicleta, ya de otro tamaño, salía a dar unas vueltas. Como habrán notado su calle no tenia salida por el paso del arroyo, por lo que no tuvo mas remedio que buscar nuevos horizontes, el viaje por la cuadra ida y vuelta ya le quedaba chico y ese camino con destino conocido perdía sentido. Nadie toma el mismo camino toda la vida.
En general cuando pedaleaba nunca iba a la casa de un amigo, ni iba a visitar a ningún familiar que vivía por la zona, simplemente salía a andar, a recorrer, a meterse en calles de tierra, de piedritas, calles de pastos alto que dejaban de ser calles, calles de barro que no importaba cual sea el clima, esas calles siempre eran de barro y siempre disfrutaba cuando llegaba al asfalto pero a las diez cuadras se aburría y necesitaba volver al camino irregular.
Rozaba los veintidós años y aun se sorprendía al encontrar calles que nunca había visitado, con arboles encerrando el camino, con alguna que otra pared excéntrica, colorida por los grafitis, una pared sin principio ni final, sin cumplir función de lo que es, solo una decoración que quedo de algún derrumbe. Una pared rodeada de arboles, Cual será la historia de esta pared. Pensó mientras frenaba su bicicleta.

Así como lógicamente su cuerpo se había estilizado, sus rulos también lo habían hecho, antes le llegaban por los hombros. El la observaba, casi que la analizaba, y aunque no podía mirarla detenidamente, llegaba a ver que ya no eran mas rulos, eran ondas que llegaban hasta la mitad de su espalda y ya no eran rubios, estaban cada vez mas oscuros, menos en la puntas. Hasta me animo a decir que alguien que solo distingue entre rubias y morochas podría ponerla en la segunda categoría sin ningún problema. Su cara por momentos se parecía a la de hace quince años atrás. La sonrisa, como era evidente, se mantenía igual y la risa debía de ser mas parecida aun pero no llego a tanto en un solo viaje.
-Que estas haciendo.. digo de tu vida, o sea de donde venís.. ahora - pregunto ella con voz temblorosa mientras sacaba una hebilla de su mochila.
El miraba al frente, tardo en reaccionar a la pregunta, vaya a saber en que pensaba.- Estoy trabajando en una productora, publicidad.
Ella se arreglaba el pelo a ciegas con esa hebilla. No se sabe como pero siempre lo dejan mejor que cuando lo hacen por horas frente al espejo.
- Vos estas en tu ultimo año o -
-Si - Interrumpió - Ya termino.
-Que rápido paso el tiempo- dijo el. Bueno en realidad no lo dijo, solo lo pensó. No iba a ser tan directo tirando una indirecta tan obvia. Claro esta que los dos estaban pensando en el paso del tiempo desde que se miraron allá atrás, en ese lento semáforo.
Se estaban haciendo las ocho de la noche de un Jueves de Julio. La dejo en la puerta de su casa mientras, mas bien a unos metros de la tranquera, lo otro es solo una expresión. La lluvia ya caía a toda velocidad, no podía hacerse esperar mucho mas. Se bajo dando las gracias, cerro la puerta del auto o eso fue lo que intento hacer, se quedo corta y el se estiro desde su asiento a cerrarla bien. Mientras el llegaba con su mano a la puerta, ella la volvió a abrir y cerro esta vez, con mas fuerza y con mas seguridad.

10 de junio

Salió de la cama, se puso el uniforme que había dejado tirado en el piso la noche anterior, se lavo los dientes, agarro una manzana y con la mochila al hombro camino las diez cuadras hacia la parada. Nunca discriminaba ninguna estación del año, siempre caminaba, en verano disfrutaba el sol de la mañana que siempre le daba por la espalda y en invierno decía que el frío la hacia sentir viva. Siempre tenia una excusa para estar bien.
El colectivo llegaba siempre a la misma hora pero el, que pasaba con el auto y subía a la panamericana a veces llegaba unos minutos mas tarde. Por eso ella siempre llegaba a la parada quince minutos antes de que el colectivo pase.
Pasaban los días y salvo excepciones, el llegaba antes que el colectivo. Los días que el se retrasaba y el colectivo llegaba antes, ella se lo cruzaba en algún lugar de la panamericana, en general cuando el trafico aumentaba llegando a general paz. Miraba por la ventana y en algún momento el pasaba, fueron varias las veces que esto ocurrió. Algunos dirán como puede cruzarse en el medio del trafico a la persona que quiere cruzarse, mucha casualidad. Con su poca experiencia ella entendió que la casualidad no existe. Aquel que quiere ver algo, lo vera; solo es cuestión de estar atento y de tiempo, claro.

Ya tenia el horario de sus mañanas sabido de memoria, hasta podía adivinar porque llegaba tarde y sabia que días eran los mas divertidos en su trabajo, que seguro serian los días de edición. Si, ella sabia que el trabajaba en una productora de cine, mas bien de publicidad o quizá es lo mismo, no le interesaba mucho.
Ahora, después de un mes, días mas días menos, iba a averiguar cual era su horario de llegada, cuando volvía. Creyó que quedarse en la bajada de la panamericana toda la tarde y quizá gran parte de la noche iba a alimentar su obsesión. Y así fue. El primer día espero desde las cinco y media de la tarde en la bajada de la panamericana, la de su pueblo, la que estaba a diez cuadra de su casa y de la de el, hasta las ocho de la noche, mas bien ocho menos diez que por fin, llego. Llego sonriente, como si no volviese de trabajar, pegado al volante como si fuese una vieja o una adolescente que comienza a manejar. El segundo día se quedo para comprobar si iba a llegar a la misma hora, si no había sido casualidad, aunque en realidad creo, y ella cree también, que se quedo para volver a verlo. Como si fuese un reloj, que nunca falla, o casi nunca, llego a las ocho menos diez nuevamente, con la misma cara y en la misma posición.

21 de Julio

Al otro día, al tercer día de investigación, tuvo que quedarse para hacer un trabajo en lo de una amiga, en el centro, a unas cuadras de su colegio y se quedo hasta tarde. La noche desplazaba cada minuto un poco mas al día y las nubes negras cubrían lo poco celeste que quedaba. Mientras hacia el trabajo, su cabeza calculaba el tiempo en que le llevaría llegar a la parada de su casa, para poder estar ocho menos diez ahí y verlo y algún día quien dice, saludarlo. Se subió al colectivo a las siete menos diez, según sus especulaciones y si todo salía bien, esto quiere decir si el trafico no aumentaba por algún inútil que no sabe manejar o si simplemente ocurría algo fuera de lo normal, ella estaría ahí un rato antes esperando su llegada. No sabia cuanto tiempo mas lo iba a esperar por la tarde, parecía algo tonto a insignificante verlo llegar del trabajo. No podía dejar de cuestionarse su estúpida actitud que nunca antes había tenido, esta de depender de la vida del otro, de planear y vivir a raíz de las acciones de otra persona, desordenar su rutina diaria para llevar una paralela a la de el. Seguía sentada en su colectivo, miraba por la ventana y pensaba. Ahí estaba. Si buscas encontrarte a alguien, sea donde sea lo vas a encontrar, no es muy difícil. Estaba ahí en el auto, mirando el colectivo, con la boca abierta y los pómulos levantados, como si quisiese prestar atención a algo. El colectivo no avanzaba, su boca se empezó a cerrar y su cara volvió a la normalidad. Ella lo miraba y el lo sintió. Sintió la mirada y ella lo supo, su cara cambio y al mismo tiempo giro, como si alguien lo estuviese llamando. Ella mientras lo miraba pensó, Me esta mirando. Y así era, estaban los dos mirandose, el no se movía, no saludaba, no corría la mirada, solo se quedo quieto, espectando el momento.

De un segundo para el otro el sin saludar ni sonreír empezó a hacer unas señas extrañas, tengo que admitir con un poco de torpeza, para que ella se subiese a su auto. Ella miraba desconcertada, no podía creer lo que estaba sucediendo, en realidad si podía creerlo, de hecho fue así como paso. Hace mas de dos horas que estamos acá parados, pensó ella. Cuando era evidente que el la estaba invitando a llevarla a su casa, ella casi transpirando se negó una vez con la cabeza, deseando que el vuelva a insistir. Y así fue, el insistió nuevamente y tiro todo lo que tenia en el asiento para atrás, con un poco de violencia. Eso no le dejo mas remedio, que aceptar la tan inesperada y preciada invitación.
El lento semáforo seguía sin cambiar su luz y ella se bajo corriendo del tan odioso colectivo sin mirar a la calle para ver si venia alguien porque sabia que nada podía pasarle, el positivismo estaba funcionando de una manera perfecta que sin querer le hacia sospechar que la casualidad tenia algo que ver con todo esto.
Entro al auto transpirando por todos lados, despeinada, intento decir gracias pero cuando quiso hablar tuvo que tragar el nudo que se le había hecho en la garganta y prefirió callar antes que tartamudear. El dijo algo explicando porque la estaba llevando y después le pregunto otra cosa. Ella no escucho absolutamente nada, solo pensaba, Que carajo esta pasando.
El volvió a formular la pregunta, esta vez exagerando la modulación como diciendo, Responde, deci algo, deci gracias por lo menos. O eso sintió ella en la segunda pregunta, que por cierto tampoco había escuchado el contenido, solo había escuchado el tono en su habla. Desesperada por la situación respondió con el positivismo que dirigía su vida.
- Si si.
El no volvió a hablar, ella lo miraba, cuando podía, mejor dicho cuando se animaba.
Pasaron los minutos y el parecía un ente, no hablaba, solo miraba para adelante y a veces por los espejos. Ni siquiera escucha la radio, pensó ella. O que ponga algo de música.
Su transpiración ya se había secado y sus pelos ya estaban mas calmos. Estuvo un rato pensando en una pregunta típica que podía hacerle. Cuando ya la tenia en mente la dijo para si una y otra vez, Che y ahora que estas haciendo de tu vida?
No no, el che sonaba como si fuesen amigos o como si lo tratase como tal, no era muy atractivo, Y que estas haciendo de tu vida ahora?
Si, no estaba tan mal, era una pregunta que no iba a tener tanto análisis, menos por parte de el, Ya esta, le pregunto, se dijo.
- Que estas haciendo.. digo de tu vida, o sea de donde venís.. ahora - Se olvido las palabras a mitad de camino y le subió un calor por la espalda que no la dejo respirar. Como una simple pregunta podía convertirse en tragedia o así lo sintió ella.
Mantuvieron una pequeña conversación mientras ella desesperada porque el la miraba de a ratos. Mientras hablaba, busco una salida en su mochila, busco algo que le llene las manos de algo así las dejaba quieta de una vez por todas. Una hebilla. Mientras lo escuchaba se ponía la hebilla acomodando un poco esa maraña en su cabeza. Era increíble como lograba mostrar una tranquilidad que lejos estaba de la realidad del momento. Nunca supo si la hebilla corrigió algo o solo empeoro las cosas. Solo el tenia la respuesta que no paraba de mirarle el pelo y a veces la sonrisa. Porque ella sonreía en una situación así? No se.

El eterno viaje llegaba a su fin, entraron en su cuadra y la lluvia que amenazaba desde el comienzo de la tarde se hizo presente. Hace rato que el había bajado su ventana, desde que bajaron de la panamericana. Quizá por que se sentía encerrado, acorralado por la mirada que llegaba del asiento del acompañante. El polvo de las calles de tierra no tardo en entrar en el auto, ahogando asi a el por completo. Luego la tierra se hizo barro, la lluvia cayo del cielo y el cerro la ventana.
Llegaron a la puerta de su casa, digo a la puerta de la tranquera.. llegaron a la tranquera. Ella se bajo con algunos problemas para cerrar la puerta del auto y luego salto la tranquera. Quedo parada de espaldas a la casa, mirando al auto, cuando iba a girar su cuerpo para llegar al fin a la puerta de su casa, la puerta del auto se abrió. El se bajo. Ella miraba cada paso de la secuencia mientras esperaba ahí parada. El agua que seguía corriendo. Bajando de su auto su rostro se lleno de agua que se le pego en la cara bajo el efecto de la tierra que había invadido su cara. Caminando por detrás del auto la miraba a ella que estaba ahí parada, esperando. Solo le saco la vista para mirar su para golpe, que estaba como el lo esperaba, caído en su parte derecha. Se agacho para engancharlo bien así duraba por lo menos un día mas, hace meses que postergaba su arreglo. Termino el trabajo y volvió a su auto lo mas rápido posible evitando así la lluvia. Puso reversa, dio la vuelta en la entrada de la casa vecina y se fue. Se quedo parada e inmóvil con el agua que seguía corriendo. Se quedo esperando sabiendo por experiencia que no iba a volver.
La madre abrió la puerta de entrada y con un cigarrillo en la boca y la voz ronca grito

- Violeta! que haces ahí parada? - Entra que te vas a enfermar.

sábado, 7 de mayo de 2011

La dicotomia del frio

Son las tres de la mañana, silencio que molesta, las cosas pierden sus colores, todo se apaga menos el reflector blanco que entra por la ventana, desde arriba. La ventana quedo abierta y solo entra el olor del frío que tanto me gusta. Intento contemplar la inmensidad del universo, la fuerza del viento que entra y eleva las cortinas para que bailen con el frío por la casa, pero nada de eso pasa, mi garganta todo lo opaca. Solo pienso en el dolor que me produce respirar. Todo el placer del olor a frío se transforma en odio cuando llega a la garganta y raspa como si entrara un serrucho de hielo a la faringe. No es momentáneo el dolor o si, entre respiración y respiración el dolor desaparece y por esos efímeros instantes veo las cortinas que amagan con volar y bailar con el frío, el frío que entra interrumpiendo el pensamiento, entra por la garganta serruchando la faringe. No me puedo dormir. Solo pienso en la conversación con el medico, intentando explicar con palabras normales este sentimiento de angustia constante. Mientras imagino la conversación sube la bronca y se transforma en calor para el cuerpo, siento calor, transpiro y el aire sigue entrando frío, congelado, serruchando. Siento el cansancio fuerte, mis ojos se cierran y mi cabeza transforma el dolor del frío en la garganta en alguna molestia en el habla, no puedo hablar, la voz no sale y se abren los ojos. El dolor vuelve a la faringe por cada cinco, a veces diez segundos, depende cuanto tiempo aguanto sin respirar y sin llegar al malestar de la falta de aire. Salgo de la cama, camino por la casa, las medias me hacen invisible, imperceptible. Busco mis zapatillas en la entrada y ya afuera forman parte de mi, la remera flota por el cuerpo, el viento le da vida a la piel que siente ese frío húmedo. Llego a la calle, la tierra se levanta ante mis pasos acelerados. pasan las cuadras, todas solitarias, sin almas, sigo siendo invisible, si nadie puede verme y nadie puede escucharme no existo. Pero ella necesitaba que alguien la escuche, necesita que alguien la arregle como se arregla a un juguete, que alguien la cure como se cura a un enfermo. En medio de una respiración la voz salió sin pudor, una voz congelada, un grito desconsolado, mostrando la ira de la peor manera, un grito de vocales encontradas, un grito largo y tendido, tan tendido que a mitad de camino se callo, se corto. Una respiración entro. Las cuerdas vocales llegando a lo mas alto de la nota dolían cada segundo mas y el aire frío llego serruchando la garganta. Llego para cortar y aliviar el dolor.